Él Ágora virtual: democracia digital y software libre

Hace más de 2000 años, los antiguos griegos añadieron una excepción en la historia al practicar una forma de gobierno un poco distinta al garrotazo y tentetieso. Nos dejaron los primeros registros de la democracia.

En ella, los ciudadanos se reunían, debatían y decidían en asamblea los asuntos de la polis o ciudad-estado. Muchos años, guerras y sistemas político-económicos después, decimos que vivimos en una democracia, pero diferente en muchos sentidos.

De la unidad colectiva más simple, la urbe, hemos pasado a vastos territorios que llamamos naciones, y generan pasiones de todo tipo. Estas se dividen en territorios menores, pero a su vez pueden formar comunidades internacionales, dejando muchas capas de gobierno. Resulta ineficiente crear una asamblea con tal complejidad de organización política y una población creciente, por lo que limitamos nuestra actividad política a elegir representantes que velan por nuestros intereses, al menos en la teoría.

Todo esto tenía sentido hasta que abrazamos Internet en nuestras vidas.

El Ágora virtual

El ágora, para los griegos, era la plaza de la ciudad-estado, donde estaban todos los edificios importantes y en ella se realizaba la vida económica, política, religiosa y social de los habitantes de la ciudad. Los romanos tuvieron su equivalente: el foro, y las plazas de las ciudades medievales europeas también heredaron esa función. Pero ahora, con ciudades enormes, con millones de habitantes,… ¿Dónde está esa plaza? ¿Dónde está el centro de la vida social, política y económica de las personas? La respuesta está en tu bolsillo.

El Ágora de Atenas. Fuente

Vivimos un periodo de transformación gracias a Internet. Las comunicaciones, las transacciones, la burocracia,… son instantáneas; y la sociedad se transforma en consecuencia: Nos relacionamos por chat, compramos en tiendas online, divulgamos nuestras ideas al público en las redes sociales; todo esto desde la comodidad de tu ordenador o tu teléfono móvil.

Sugiero que el ágora aún existe, pero es abstracta y es global, producto de las nuevas infraestructuras de comunicación, de los mercados internacionales y de la «necesidad» de mantenerse conectado. Vivimos en un Ágora virtual, y deberíamos pensar en ello políticamente: Podemos seguir a los políticos en las Redes y contestarles, formar comunidades que actúen como grupo de presión, recordar la hemeroteca, organizar protestas y criticar diferentes políticas, e incluso votar telemáticamente con la facilidad de un click (aunque todavía se debe trabajar más en este asunto).

Esta eficacia supone una vuelta a la esencia fundamental de la democracia, donde todos tenían voz, pero los procesos siguen siendo los mismos que hace varias generaciones. ¿No deberíamos replantearnos los procedimientos políticos de la democracia para hacerlos más adecuados a los recursos y tecnología actuales?

O dicho de otro modo: Si el debate y el discurso está en las Redes, ¿no deberíamos llevar también la política a las redes?

La democracia digital

Actualmente nuestra participación política consiste en elegir cada cuatro años a unos representantes que no tienen por qué representarnos del todo, pues cada persona es un mundo. En la práctica se traduce a «votar al menos malo», pues incluso dentro de un partido pueden haber diferentes posturas respecto a un tema. Pero ¿y si, aprovechando la eficiencia que provee Internet, pudiéramos volver a debatir y decidir cada nueva propuesta, cada nueva ley?

Al final la política de partido lo que genera es un «paquete», que solo puedes apoyar o rechazar. No hay grises ni matices. No puedes decir «¡Oye!, esta parte está bien, pero tienes que mejorar esta otra». En cambio, si pudiéramos formar parte de la vida política sin representantes podríamos indicar nuestro acuerdo con cada punto de la agenda política; es más, esta agenda se crearía a partir de la voluntad conjunta expresada por medio de ese Ágora virtual de la que hablaba antes. Entraríamos en una democracia digital.

En la práctica, no es tan diferente de la democracia clásica que practicaron los griegos brevemente y no soluciona los problemas clásicos de la democracia, como la «dictadura de la mayoría» o la oclocracia, pero sí tiene ventajas inmediatas:

  • Al votar políticas y no a grupos representativos, puedes expresar tu voluntad política precisa.
  • Los partidos y muchas instituciones democráticas con sus cargos quedarían obsoletos, por lo que desaparecerían mejorando aún más la eficacia de esta nueva sociedad democrática y eliminando el partidismo tan nocivo en la sociedad actual.
  • Aunque pueda parecerlo a raíz de los anterior, los políticos no desaparecerían, pues su papel sería ahora el de proponer leyes y reformas de manera individual y libre, al menos en la teoría. Esto ayudaría a evitar el ad hominem al votar ideas, no personas.
  • Se reduciría la actual polarización de la sociedad en facciones irreconciliables. Además, se combatiría una forma de negocio por desgracia muy extendida: la crispación como nicho publicitario, de la que pretendo hablar en futuros artículos.
  • Se contemplaría la inclusión de mecanismos para luchar contra la demagogia.

Es posible que así la figura del estado centralizado se ponga en entredicho, por lo que el gobierno podría repartirse de forma distribuida y dinámica según el ámbito de las políticas a considerar, o incluso prescindir de gobierno al entender como autoridad al conjunto de la sociedad. Si varios países adaptaran este modelo, tal vez vieran que pueden ser parte de una misma nación distribuida, que sería lo mismo que decir que no habría nación; y entiendan que el planeta va en la dirección de ser una polis global o «cosmopolis», con problemas globales que ahora sí se pueden resolver porque nos encontramos unidos y en armonía, sin banderas ni fronteras que nos etiqueten y nos separen… Tal vez en este párrafo me he pasado de idealista, pero es una utopía por la que merece la pena trabajar, ¿no?

El proyecto Ágora

¿Cuál es el proceso para alcanzar este objetivo? Yo no lo sé, solo soy desarrollador web, pero si se me ocurre un buen comienzo. Divulgar las tecnologías ya existentes y modelar un sistema que sea plausible, al menos de forma conceptual, es el propósito del Proyecto Ágora.

Tan solo es una serie de artículos que pretendo que sirvan de referencia o inspiración para el futuro. Te podrás imaginar el motivo del nombre: El objetivo es desarrollar servicios en Internet que mejoren y protejan la democracia hasta devolverla a su esencia original, que es la de dar voz y voto a todos los ciudadanos como ocurría en las asambleas de las democracias griegas pero de forma digital y telemática, aprovechando la experiencia acumulada en las redes sociales.

No se trata de poder votar desde tu móvil, se trata de devolver el poder de decisión al pueblo, si es que alguna vez lo tuvo; pero esta vez de forma honesta, no como propaganda electoral.

El Proyecto Ágora tiene dos componentes:

  • El más fácil es la infraestructura, modelos, aplicaciones, protocolos, leyes, etc necesarias para conseguir establecer y garantizar los procedimientos democráticos. Es la parte física.
  • La parte complicada es la cultural. Para conseguir una sociedad que respeta y defienda un sistema como el que aquí propongo hace falta un cambio en la idiosincracia de la gente. Conseguir que entendamos que la vida política no es solo un derecho sino un deber, y que entienda que el interés de todos es también el propio. En resumen, hace falta reforzar la ética del voto para proteger un sistema del que todos dependemos.

¿Qué tiene que ver el software libre en todo esto?

Para alcanzar la democracia digital, es necesario involucrar a todos los ciudadanos y depender de su confianza, que solo se puede conseguir a través de la transparencia. Por tanto, es necesario adoptar los ideales que encarna el software libre: por un lado para que la comunidad sea una parte activa de su desarrollo, aumentando la democratización del sistema; y por otro que, al ser el código accesible por el público, se pueda garantizar la confianza de los procedimientos democráticos.


No quiero terminar sin hablar de la privacidad. Estamos en un momento de la historia en el que nuestros hábitos están cambiando en base a la evolución de los servicios informáticos. Nos siguen y nos catalogan en Internet de todas las maneras para calcular mediante algoritmos nuestra vulnerabilidad a ciertos estímulos psicológicos. Lo que hoy es publicidad, mañana puede ser propaganda.

El mayor miedo que este proyecto me suscita es que los demagogos encuentren en él la formula perfecta para usarlo en su favor y pervertir las mentes de los ciudadanos para que voten políticas contrarias a sus intereses. De hecho, ya existen precedentes de como el Ágora virtual ha influido en las políticas de muchos países. Por ejemplo: el escándalo de Facebook de Cambridge Analytica, o el uso de bots y cuentas falsas en Twitter por parte de algunos sectores para alterar la opinión pública y ensuciar el debate.

En definitiva, la privacidad es necesaria para evitar manipulaciones y proteger la libertad de pensamiento, pilar esencial en la democracia digital, razón de peso para utilizar software libre.

Epílogo para el lector

Me alegra mucho presentarte el proyecto, que tiene un gran valor personal para mí. Nos incumbe a todos, por lo que debe ser aceptado, no impuesto; y debemos colaborar por el bien de todos. Espero convencerte.

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